15 de noviembre de 2013

EL CORAZÓN















Expresiones como tener un corazón abierto, tomarse algo a pecho, abrir su corazón, tener un corazón de oro, son ejemplos de la existencia de una relación entre el corazón y lo más interno del hombre.

Lo que en español es “aprender de memoria” se expresa en francés “apprendre par coeur" o en ingles “to learn by heart "(aprender con el corazón). Citando incluso un texto bíblico del Evangelio de San Juan, leemos la frase “Entender con el corazón". La diferencia cualitativa sobre su significado se puede presentir inmediatamente.

El hecho de que determinadas conmociones anímicas (miedo, sustos, emociones) se puedan sentir rápidamente en el corazón (por ejemplo, en forma de palpitaciones) es una experiencia muy común. Normalmente en el transcurso del día, no solemos percutir ni el corazón ni la circulación.

Como fenómeno contrario a éste, podemos oír, oler, gustar, ver y, al mismo tiempo darnos cuenta que tenemos un órgano que se corresponde con cada una de estas funciones (oído, boca, nariz, ojo).

El movimiento de los miembros y del cuerpo entero en el espacio es algo que estamos completamente acostumbrados a ver y a percibir. Aunque diferentes desde el punto de vista de sus cualidades, notamos el transcurso de los procesos en las partes superior e inferior de la organización humana.

Por el contrario, los fenómenos rítmicos del corazón y la circulación sanguínea no los podemos percibir en absoluto. El sistema cardio-circulatorio, además, muestra que es susceptible a influencias tanto internas como externas.

El Corazón, órgano de riesgo, Paolo Bavastro
Editorial Rudolf Steiner, Boletín 34





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