29 de octubre de 2013

EL ASPECTO ESPIRITUAL DE LA MÚSICA








Descrito por la Antroposofía 
de Rudolf Steiner










Al estudiar los secretos de la música, podemos descubrir lo que los griegos, que sabían mucho al respecto, querían decir con la lira de Apolo. Lo que se experimenta musicalmente  es, en realidad, la adaptación oculta del hombre a las relaciones armónico-melódicas interiores de la existencia cósmica de la que se formó. Las fibras de sus nervios, ramificaciones de la columna vertebral, son maravillosas cuerdas musicales con una actividad metamorfoseada. La columna vertebral que culmina en el cerebro y distribuye sus fibras nerviosas por todo el cuerpo, es la lira de Apolo. Sobre estas fibras nerviosas se “toca” el espíritu anímico del hombre dentro de la esfera terrestre. 

El hombre, pues, es el instrumento más perfecto del mundo, y puede experimentar artísticamente los tonos de un instrumento musical externo hasta el grado de sentir la conexión entre el sonido de las cuerdas de un nuevo instrumento, por ejemplo, y el flujo de su propia sangre y sus fibras nerviosas. En otras palabras, como hombre dotado de nervios, está construido  internamente para la música, y la siente artísticamente hasta el grado que siente su armonización con el misterio de su propia estructura musical.

Cuando hemos alcanzado el punto después de la muerte, cuando hemos dejado nuestro cuerpo astral (es decir, al salir del kamaloca) también dejamos todo lo que sea de naturaleza musical que nos recuerde la vida terrenal. Pero en este momento cósmico, la música se transforma en música de las esferas. Pues lo que experimentamos en la Tierra como música en el elemento del aire es, en un plano superior, la música de las esferas. El reflejo de esta música elevada penetra en el elemento del aire; se hace más denso y se convierte en lo que experimentamos como música terrenal, que imprimimos en nuestro cuerpo astral, y que nosotros conformamos, lo que podemos volver a experimentar mientras poseemos nuestro cuerpo astral. 

Después de morir nos despojamos de dicho cuerpo: entonces, si se nos perdona la expresión, nuestra experiencia musical se conecta a la música de las esferas. De modo que en la música y en la poesía tenemos un anticipo de lo que será nuestro mundo y nuestras existencia después de la muerte.

Aunque al despertarse por la mañana no sea consciente de haber absorbido la música de la noche, no obstante, al escuchar la música se tiene una insinuación de que estas impresiones del mundo espiritual están dentro de uno mismo. Cuando un hombre escucha música, el vidente puede observar cómo los ritmos y los colores fluyen hacia la sustancia más firme del cuerpo etérico, y asidos a ella motivan que vibre a tono con ellos, y de la respuesta armónica del cuerpo etérico proviene el placer que se siente.

Cuanto más fuertemente resuene el cuerpo astral, tanto más fuertemente harán eco sus tonos en el cuerpo etérico, dominando los propios ritmos naturales de éste, y esto produce sentimiento de placer tanto al oyente como al compositor.

Steiner siempre resaltó que no experimentamos las notas musicales como tales, sino que nuestras almas crean dentro de nosotros los intervalos entre las notas, lo que Elsie Hamilton llama “la experiencia espiritual en el tiempo que media entre dos notas”. Es esta actividad anímica en el oyente lo que hace que escuchar música sea una experiencia activa y no pasiva. Steiner compara el sonido a “una ventana abierta hacia el mundo espiritual”.

En el futuro trataremos de penetrar detrás de los sonidos. Lo importante no será conocer los sonidos como partes componentes de una melodía, sino que cada sonido en sí tendrá un valor moral y espiritual. A través del sonido, como si fuese una ventana, el alma entrará en contacto con el mundo espiritual. Cada sonoridad individual revelará sus misterios al hombre que podrá de ese modo penetrar detrás de ella.

Una de las cosas más sobresalientes, derivadas de Steiner, es la relación entre las distintas claves mayores y menores y ciertas cualidades del ser humano que se expresan a través de ellas, así como conexión de estas cualidades con las doce constelaciones del Zodiaco. La distinción cualitativa entre las claves  mayores y menores, la mayor representa el movimiento del alma hacia adelante, hacia un mundo exterior, y la menor el regreso del alma a su propio mundo interior.

Juan Sebastian Bach, ya fuera consciente o inconscientemente, conocía las características de estas claves. Su obra El Clave bien temperado es una perfecta demostración de su comprensión, estando al parecer cada preludio y cada fuga especialmente diseñados para demostrar las cualidades particulares de cada clave, incluso las cualidades humanas asociadas a cada una de ellas.

Tal vez mediante su estudio se podrá empezar a comprender mejor lo que Steiner quería decir cuando hablaba del ser humano en sí como un instrumento musical y de su intima conexión como microcosmos con el gran macrocosmos que es el Universo.





   Fuente de Textos:

RUDOLF STEINER

Conferencia nº 3, de la serie pronunciada en Donarch en
mayo y junio de 1923, y publicada con el titulo Las artes y
su misión.
De la conferencia ya citada, El origen suprasensible de lo
artístico, págs. 67-68

Conferencia en Donarch el 2 de Diciembre de 1922,
llamada La expresión humana mediante el tono y la
palabra, publicada en la colección The Mistery Wisdom of
Colour, págs. 89-92

Conferencia en Colonia el 3 de Diciembre de 1906,
publicado en la revista The Golden Blade, con el título de
La base oculta de la música.

Conferencias del libro Art in the Light of Mystery
Wisdom, y que se titulan La experiencia del tono en el ser
humano, del 7 y 8 de marzo de 1923. Pronunciadas para
profesores de música de la primera Escuela Waldorf en
Stuttgart.


ELSIE HAMILTON

“La naturaleza de la experiencia musical a la luz de la
Antroposofía”. Edición de L.Stebbing

La música, sus bases ocultas y su valor terapéutico.
(Valiosa recopilación de varias fuentes, casi todas ellas de
inspiración antroposofica).


ANNY VON LANGE
Música, Hombre y Cosmos (edición alemana: Freiburg im
Breisgau, Novalis Verg, 1957. Resumen en francés por
Germaine Claretie – primavera de 1957 en la revista
Triades).



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