7 de noviembre de 2012

MÚSICA y MEDICINA
















La fusión de Música y Medicina no es un descubrimiento occidental, sino un elemento esencial en todos los ritmos de curación de las poblaciones primitivas, desde África a Latinoamérica.

La música hecha con instrumentos de percusión hace prevalecer el ritmo sobre la melodía, sirve para liberar energías y ayuda a restablecer el equilibrio interno, básico en el proceso de curación.

El papel más importante lo juega el chamán, figura común a las tribus nómadas de Siberia y de África, a los pieles rojas y a los indios de Latinoamérica. Para el chamán, la dimensión de la Medicina coincide con la de Magia. 

Puede entrar en contacto con el espíritu que provoca las enfermedades, comprender las causas de sufrimiento y eliminarlas, y su principal instrumento de trabajo es el Tambor, que simboliza el latido del corazón, tanto del hombre como del universo. La analogía entre el hombre-microcosmos y el hombre-macrocosmos es bastante recurrente.

Según los Dogon, una tribu de Mali, tocar el tambor significa hacer caminar el Sol y asegurar la armonía de todo el ciclo vital. En los ritos del vudú haitiano, la música tiene una función de revitalización y afianzamiento muy importante si se tiene en cuenta la realidad dramática de los esclavos africanos deportados a la isla caribeña. 

Para los orientales, especialmente para los budistas, la música tiene un efecto calmante y sirve para conducir a la persona a su centro ideal. Para ello, se usan los mantras, fórmulas sonoras que favorecen la relajación.


                                   










UNA CUESTIÓN DE RITMO


El impulso para bailar cuando se oye una música con mucho ritmo se debe a un condicionamiento cultural que se remonta a antiguos ritos tribales o a un factor puramente mecánico. 
 
La clave del misterio se encuentra en el oído interno, donde se encuentra la sede del órgano del oído y del equilibrio: el sáculo vestibular. Este último no es sordo, como se pensaba hasta hace poco tiempo, sino que puede ser estimulado por sonidos muy fuertes, superiores a 70 decibelios (en las discotecas se alcanzan fácilmente los 110 decibelios). En ese caso, el cuerpo recibe la misma sensación que cuando está caminando y acciona un reflejo condicionado que induce a los músculos a moverse para mantenerse en equilibrio.

Una música relajante y envolvente, aparentemente desdeñable, causa un efecto tranquilizador y deshinhibidor. Al contrario, una música con mucho ritmo y con una pulsación rápida, induce a actitudes más impulsivas.

Estos estados anímicos son comunes a todos nosotros y demuestran que la música – y los sonidos en general – pueden influir en nuestro comportamiento y además prueban que escuchamos con todo el cuerpo y no sólo con los oídos. 
 
Todo el organismo se siente afectado por las ondas sonoras, por lo que se utiliza en las terapias de reeducación de los sordos o de los minusválidos motrices. En estos casos, la música dinamiza y llega a crear fuerza, provocando energía física.

A nivel del sistema nervioso periférico, el órgano más involucrado es el oído. Los receptores nerviosos del sonido se encuentran, de hecho, en el oído interno y, más en concreto, en el órgano de Corti, del cual parten las vías acústicas que terminan en los lóbulos temporales de cerebro. Los sonidos percibidos por el oído derecho son enviados principalmente al hemisferio izquierdo, y viceversa.

Gracias a técnicas de investigación cada vez más precisas, hoy sabemos que la capacidad de percibir la tonalidad y el ritmo de un sonido reside en el hemisferio dominante, que es el izquierdo en la mayoría de la gente. Mientras la melodía (la sucesión de sonidos) y el timbre (lo que permite distinguir dos sonidos de igual altura e intensidad) son elaborados por el hemisferio menor, el derecho. Por último la armonía (la concordancia de las voces) involucra a ambas áreas del cerebro.

Se ha demostrado que los músicos escuchan una composición de una forma analítica. Es decir, la elaboran con el hemisferio izquierdo, vinculado con el lenguaje y con la capacidad lógico-deductiva. En cambio, el que no está dotado en este campo tiende a utilizar el hemisferio derecho, sede de la imaginación, de la habilidad de síntesis y de la creatividad.

Un dato confirmado por un estudio de un grupo de neuropsiquiatras de Münster, en Alemania, según el cual, los músicos presentan un planum temporal izquierdo (es decir, la zona de la corteza responsable de la elaboración cultivada por los estímulos sonoros) con un 25% más de tamaño que las demás personas.

Pero, no hay que esquematizar demasiado, pues el cerebro opera de una forma holística, es decir, como un sistema que es algo más que la simple suma de las partes que lo componen, y la tendencia a localizar rígidamente las distintas funciones en determinadas áreas está hoy totalmente superada.

Entre otras cosas, los efectos de la música sobre la mente van más allá de las dimensiones de una parte del cerebro o de la actividad más o menos marcada de un grupo de neuronas.

La música es, respecto a las demás artes, comunicación global, al ser al mismo tiempo espontaneidad y lenguaje estructurada, gesto y voz, apertura a la realidad e introspección. Permite unir las percepciones internas, las llamadas cenestesias, con las percepciones externas, recogidas a través de los sentidos, haciendo confluir las unas y las otras. Todo esto lo elabora la mente, ya sea a nivel consciente o inconsciente, y se traduce después en palabras y gestos. 
 
¡Ningún otro tipo de manifestación artística logra esta síntesis!













LA MUSICOTERAPIA

Para curar con música nació una disciplina autónoma llamada Musicotereapia. Se utiliza con los pacientes psiquiátricos, con los minusválidos con los ancianos afectados de Alzheimer, con los niños sordomudos o afectados por el síndrome de Down, pero también en caso de problemas leves, como los tics infantiles o la enuresis nocturna.

En Norteamérica, la musicoterapia es una carrera universitaria que se imparte en 72 centros, y que cuenta con más de 5.000 profesionales ejerciendo. En España, los profesionales en esta disciplina no empezaron a formarse hasta que en 1992 la doctora Serafina Poch dirigió el primer curso de posgrado en la Universidad de Barcelona. “Aprender música en edades tempranas es una manera de ensanchar el coeficiente intelectual, pues ayuda a dinamizar la inteligencia, pero en España la educación musical ha sido casi nula desde mediados de siglo”.

Una investigación de la Universidad de California en Irvine demostró que la música de Mozart, especialmente la de la sonata en re mayor K488, hace aumentar temporalmente el cociente intelectual en ocho puntos y facilita la solución de cualquier problema matemático a cualquier persona. Muchos hospitales estadounidenses prevén la utilización de un fondo sonoro musical durante las operaciones, para mejorar la precisión y la velocidad de los cirujanos. 

Recientemente, además, se ha probado que su uso permite disminuir la aplicación de anestesias. Esto ya se practicaba en el siglo pasado, pues algunos odontólogos la utilizaban para evitar los efectos secundarios que provocaban las sustancias utilizadas para la anestesia, que entonces eran bastante perjudiciales.

La música de Mozart es la que mejor se presta para su utilización en el campo médico por el hecho de que su estructura regular y balanceada recuerda el ritmo cardíaco y respiratorio de las personas. 

Algunos ejemplos: favorece la relajación y es útil en la terapia del dolor, para aliviar los ataques de cefalea tensional, el tipo de dolor de cabeza más frecuente (por encima del 60% de los casos), estrechamente vinculados con la ansiedad y con el estrés; el concierto en si bemol mayor para violín y orquesta K207 del compositor austríaco es utilizada para reducir el dolor en el parto; una investigación realizada en el hospital de Nara, en Japón, demostró que la música clásica en general actúa sobre los asmáticos, duplicando la cantidad de aire inhalado; y los enfermos norteamericanos de Alzheimer han logrado que la terapia del sonido, que ayuda a frenar el avance da la enfermedad, esté ya subvencionada por el estado.

El sonido, escuchado o producido en primera persona, es utilizado para establecer una comunicación empática, no mediata de las palabras, con el paciente. Se trata de romper la sensación de aislamiento físico y afectivo, y ayudar al paciente a recuperar la fe en sus propias capacidades.

El musicotepareuta puede utilizar todos los instrumentos, desde el violín a la percusión, y todos los tipos de música, incluso, simples sonidos como el latido del corazón o el ruido del viento. Los procedimientos fundamentales son dos: el pasivo y el activo.

En el primero predomina la escucha, para recuperar la capacidad perceptiva, reecontrar el ritmo justo y la energía vital. La musicoterapia activa se basa, a su vez, en la ejecución o improvisación musical, incluso en grupo, para estimular la creatividad, la expresividad y la socialización. 

Lo que tiene que estar claro es que la terapia del sonido funciona bien donde hay un buen profesional capacitado, y que cualquier intervención debe hacerse a la medida de cada individuo, porque cada uno es hijo de unas circunstancias y la musicoterapia no es una receta que sirva de igual forma para todos. 

En este sentido, muestra sus límites el filón de la música new age, que reproduce los sonidos de la naturaleza, con un presunto efecto relajante. Un efecto que se verifica en algunas personas, pero que no surte efecto en otras. La melodía que a uno le relaja a otro puede recordarle un drama personal.

En cualquier caso, el objetivo de la musicoterapia no es divertir, distraer o esconder los conflictos. Al contrario, sirve para descubrir los no resueltos y sepultados en el subconsciente. Para encontrar las notas equivocadas y corregirlas.






















“Cuando las formas de la música cambian, las leyes fundamentales del estado cambian con ellas”.

Platón


“El hombre que no lleva la música dentro de sí mismo,
Aquel a quien no conmueve la armonía suave de los sonidos,
Se halla maduro para la traición, el robo y la perfidia;
Su inteligencia es triste como la noche,
Sus aspiraciones sombrías como el Erebo:
Desconfíe de semejante hombre. Escucha la música.”

William Shakespeare


“En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad”.
Arthur Schopenhauer









 

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