16 de septiembre de 2012

SARAMAGO



‘Hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda’


El escritor José Saramago cree que ha llegado la hora de que los ciudadanos manifiesten su disconformidad con quienes los gobiernan, en un mundo donde los partidos de derecha siguen comportándose como siempre, pero ‘la izquierda ha dejado de ser izquierda’.


‘Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda’, aseguró hoy Saramago, en la tercera y última jornada del ciclo ‘Lecciones y maestros’, que durante tres días ha reunido en Santillana del Mar a escritores, críticos literarios y profesores en torno a las figuras de Carlos Fuentes, de Juan Goytisolo y del escritor portugués, Premio Nobel de Literatura.
 
Quizá algunos de los asistentes esperaban una lección magistral sobre literatura, y algo habló Saramago de ella. Pero el novelista portugués dedicó buena parte de su intervención a expresar su honda preocupación por el mal funcionamiento del sistema democrático y por el hecho de que los gobiernos sean ‘los comisarios políticos del poder económico’.

‘El mundo lo dirigen organismos que no son democráticos, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio’, dijo Saramago, que si bien es cierto que desde hace tiempo viene llamando la atención sobre estas cuestiones, hoy dio un paso más e invitó a los ciudadanos a ‘perder la paciencia’ y a hacer algo para intentar cambiar la situación.

‘Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos’, aseguró el autor de ‘Memorial del convento’, ‘Ensayo sobre la ceguera’ o ‘Ensayo sobre la lucidez’, obra esta última donde plantea la importancia del voto en blanco a la hora de expresar la disconformidad con el poder político.

Saramago es miembro del Partido Comunista Portugués, pero eso no le impidió criticar con dureza a los partidos de izquierda que, cuando dicen que ‘se acercan al centro’, en realidad ‘lo que hacen es acercarse a la derecha’.

‘Ya no hay gobiernos socialistas, aunque se llamen así los partidos que están en el poder’, dijo el escritor, para aludir a países como Italia y Portugal y precisar a renglón seguido que, con sus palabras, no se refería a España, donde el Gobierno socialista ‘compensa la política neoliberal, de la que no puede escapar, con importantes leyes de tipo social’.
 
‘No tenemos leyes de izquierda’, aseguró Saramago, que buscó la complicidad de Carlos Fuentes cuando evocó cómo, ‘antes’, les gustaba ‘mucho decir que la derecha era estúpida’. ‘Pues yo tengo que decir que, hoy, no conozco nada más estúpido que la izquierda’.

En una época en la que ‘todo se puede rebatir’, nadie cuestiona la democracia, aunque ‘todos sabemos que vivimos bajo una plutocracia: son los ricos los que gobiernan’, decía el autor de ‘La caverna’ ante la atenta mirada, entre otros muchos, de Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Nélida Piñón o de Laura Restrepo, encargada hoy de presentar la obra de Saramago.

A sus 84 años, el escritor cree que ya ‘no queda mucho tiempo’ para tratar de cambiar el mundo. ‘Estamos llegando al final de una civilización y se presentan tiempos de oscuridad: el fascismo puede regresar’.

Por eso ‘hay que hacer algo’, en un mundo donde ‘el engaño es el rey de la tierra’, afirmó el novelista, quien, como ejemplo de engaño, recordó el proceso que desencadenó la guerra de Irak y aludió a las multitudinarias manifestaciones de protesta que hubo en numerosos países, que estuvieron ‘muy bien’, pero que de poco sirvieron.

Puede que las manifestaciones no consigan lo que pretenden, pero a los ciudadanos les queda otra solución: ‘despreciar a quienes nos gobiernan y nos engañan todos los días’, dijo Saramago, que en algún punto de su intervención hizo una pequeña pausa, quizá para recobrar fuerzas y continuar con su valiente denuncia.

También hubo espacio para la literatura y para que le contara a los asistentes que está ‘tratando de escribir’ un nuevo libro, aunque dio pocas pistas sobre él, probablemente porque Saramago es poco amigo de establecer fronteras entre géneros literarios y de ‘encasillar’ sus libros en uno concreto.

‘Para mí, lo que hay no son géneros, sino espacios literarios, que, como tales, admiten todo: el ensayo, la filosofía, la ciencia y la poesía’, dijo el escritor, quien no dejó de expresar su admiración por quien a su juicio es ‘la gran figura literaria del siglo XX’: Kafka.

"Soy un comunista hormonal".

(Fuente: Terra)







Há na memória um rio onde navegam
Os barcos da infância, em arcadas
De ramos inquietos que despregam
Sobre as águas as folhas recurvadas.

Há um bater de remos compassado
No silêncio da lisa madrugada,
Ondas brancas se afastam para o lado
Com o rumor da seda amarrotada.

Há um nascer do sol no sítio exacto,
À hora que mais conta duma vida,
Um acordar dos olhos e do tacto,
Um ansiar de sede inextinguida.
Há um retrato de água e de quebranto
Que do fundo rompeu desta memória,
E tudo quanto é rio abre no canto
Que conta do retrato a velha história.


















Hay en la memoria un río donde navegan los barcos 
de la infancia, por arcadas de ramas inquietas 
que despegan sobre las aguas las hojas curvadas.

Hay un golpear de remos acompasado

en el silencio de la tersa madrugada,
olas blancas se hacen a un lado
con el rumor de la seda arrugada.

Hay un nacer del sol en el sitio exacto,
en el momento que más cuenta de una vida,
un despertar de los ojos y del tacto,
un ansiar de sed no abolida.

Hay un retrato de agua y de quebranto
que irrumpe del fondo de esta memoria,
y todo lo que es río abre en el canto
que cuenta del retrato una vieja historia.


 Retrato do poeta quando jovem, "Os poemas possíveis", 1981

   



















Não direi:
Que o silêncio me sufoca e amordaça.
Calado estou, calado ficarei,
Pois que a língua que falo é de outra raça.

Palavras consumidas se acumulam,
Se represam, cisterna de águas mortas,
Ácidas mágoas em limos transformadas,
Vaza de fundo em que há raízes tortas.

Não direi:
Que nem sequer o esforço de as dizer merecem,
Palavras que não digam quanto sei
Neste retiro em que me não conhecem.

Nem só lodos se arrastam, nem só lamas,
Nem só animais bóiam, mortos, medos,
Túrgidos frutos em cachos se entrelaçam
No negro poço de onde sobem dedos.

Só direi,
Crispadamente recolhido e mudo,
Que quem se cala quando me calei
Não poderá morrer sem dizer tudo.

Poema à boca fechada, "Os poemas possíveis", 1981




En la isla a veces habitada de lo que somos, hay noches, mañanas y madrugadas en que no necesitamos morir. En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado definitivamente y entra en nosotros una gran serenidad, y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra y la apretamos en las manos. Con dulzura.
Allí está toda la verdad soportable: el contorno, la voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres, con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce y viajó alrededor del mundo infatigable, porque mordió el alma hasta sus huesos. 
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros como el agua, la piedra y la raíz. Cada uno de nosotros es en este momento la vida. Que eso nos baste.


Na ilha por vezes habitada, "Provavelmente alegria", 1985













¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Quizás te diga un día que dejé de quererte, aunque siga queriéndote más allá de la muerte; y acaso no comprendas en esa despedida, que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Y para los amantes su amor desesperado podrá ser un delito...pero nunca un pecado.

La amistad es como la música; dos cuerdas del mismo tono vibrarán ambas, aunque sólo se toque una.




No hay comentarios:

Publicar un comentario