17 de septiembre de 2012

AFECTIVIDAD

 




Amar no significa esperar que alguien nos satisfaga todos los deseos y necesidades que cabe a nosotros mismos satisfacer.










De las formas míticas podemos extraer la sabiduría de los siglos, tales historias promueven encuentros con las figuras arquetípicas de nuestra alma y con el camino del desarrollo del amor. De la antigua Grecia nació la idea de las mitades eternas, que ha viajado la vastedad de los tiempos.

La mitología greco-romana nos transmitió, por medio de autores de la antigüedad, la historia: “En una diferente civilización, los seres poseían dos cabezas, cuatro brazos y piernas y dos cuerpos distintos – masculino y femenino – pero con solo una alma…

Vivian en pleno amor y harmonía, y justamente este equilibrio desencadeno la envidia e ira de los Dioses del Olimpo. Enfurecidos, enviaran aquella civilización una tormenta repleta de truenos y rayos, que dividirán los cuerpos, separando la parte femenina de la masculina y separando el alma al medio…Dice la leyenda que hasta hoy los seres luchan en la búsqueda de la otra mitad, de su alma gemela.

Durante siglos, esa creencia fue cultivada, y grande parte de la humanidad todavía procura ansiosamente encontrar su “alma gemela”. Sin embargo, con la Nueva Revelación, los Espíritus Superiores no vienen desvelar e aclararnos a respecto del concepto de las mitades eternas, enseñándonos que esa expresión es inexacta y que no existe unión particular y fatal entre dos almas.

Explican los Espíritus que no existen alianzas predestinadas, y sí que, cuanto más ilumidas las almas, más unidas serán por el lazo del amor real. En vista de esta primicia, podemos entender perfectamente el significado de las palabras de Jesús Cristo: “Habrá un solo rebaño, un solo pastor”.

Algún día todos nosotros estaremos juntos, reunidos y plenos unos con los otros en un solo rebaño. El Espiritismo va más allá cuando nos explica que nuestra mentalidad sobre las almas gemelas esta exclusivamente conectada con una visión romántica de unión afectiva; en realidad, antes de sernos hombres y mujeres, somos Espíritus inmortales viviendo temporalmente en la Tierra.

Muchos poseen una comprensión difusa y narcisista sobre el amor, lo que hace que interpreten su afectividad solamente bajo la cintura, eso es, no consiguen desarrollar sus sentimientos, y los abandonan a un permanente estado embrionario.

Dicen los Espiritus: “No existe unión particular y fatal entre dos almas. La unión existe entre todos los Espíritus, sin embargo en grados diferentes según la categoría que ocupan, quiere decir, según la perfección que adquirirán; cuanto más perfectos, más unidos”.

Estamos viviendo inúmeras experiencias terrenales con las más diversas creaturas; conociendo y, al mismo tiempo, estrechando enlaces afectivos con otras tantas a través de varias encarnaciones.

Entonces; ¿porque alimentarnos la idea de la búsqueda ilusoria de una persona predeterminada, con la cual fatalmente viviríamos felices por la eternidad juntamente con tantos millares de parejas que ya se habrían encontrado anteriormente?

Todo eso se asemeja más a un egoísmo del amor, contrario a la fraternidad cristiana, que nos enseña que un día todos nos amaremos de forma incondicional.

Los aspectos del amor no pueden ser vistos como si nuestro yo sea el único referencial y que cualquier cosa que no se ajuste al nuestro modo de ser, sea rotulado de desamor o de no ser “nuestra mitad eterna”.

Mientras pensemos de esta manera, no amaremos verdaderamente, y si, estaremos creando una “idealización amorosa”, en la ansia de que los demás jamás se atrevan a discordar de nuestro punto de vista.

En otras palabras, si alguien divergir de nuestra opinión, tendremos la certeza que no es nuestra “alma gemela” y, por consecuencia, nunca podrá nos proporcionar el amor real, lo que será un gran equivoco.


Os prazeres da alma 
(Francisco do Espírito Santo Neto - ditado por Hammed)







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