1 de agosto de 2012

LA QUÍMICA DEL AMOR





Hace muy poco tiempo que los científicos han empezado a analizar el tema del amor, que hasta ahora había estado reservado a los poetas y a los literatos.









Se escaneó, con la técnica de la neuro imagen, a personas locamente enamoradas o locamente deprimidas porque perdieron un gran amor. Y estamos descubriendo la importancia fundamental de los factores biológicos y hormonales de las sustancias químicas en el proceso de amar.

¿Quién no ha sentido alguna vez la fuerza inexplicable del amor?

Todas las culturas a lo largo de la historia han dejado leyendas y obras de arte que reflejan la universalidad de este sentimiento. Todos los seres humanos, en un momento u otro, se han visto arrastrados por él.

¡Es que el amor está en el aire!

Hasta los animales lo sienten. Los estudios sobre el comportamiento de los mamíferos y aves nos describe lametones, caricias, frotamientos (varios) y bailes de cortejo.

Por tanto, cabe pensar que el amor es un "instinto primitivo", mucho más antiguo que nuestra propia existencia como especie.

Al igual que el ansia de alimento o de agua y el instinto maternal, se trata de una necesidad fisiológica.

Un impulso profundo, una pulsación que consiste en cortejar y conseguir un determinado compañero para aparearse. Y como todo instinto, provoca conductas imprevisibles e impulsivas, que han llegado al odio, a la violencia o a la desesperación.

Nunca hasta ahora hemos tenido tanta libertad para elegir a nuestra pareja. Las posibilidades se multiplican en una sociedad global. Sin embargo, sólo unos pocos de los candidatos potenciales con los que nos topamos cada día, serán capaces de desencadenar la "tormenta". Y aquí erradica uno de los misterios del amor.

¿ Por qué nos gusta una persona en concreto entre todas las demás?

Esa es una pregunta muy difícil, nadie sabe la respuesta. Pero lo que sabemos es que hay un comportamiento cultural muy importante, el momento también es muy importante.

¡Hay que estar dispuesto a enamorarse!

Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".

Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. 

El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. 

Así pues, antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.

La gente tiende a enamorarse de alguien que tiene alrededor, o más próxima. Nos enamoramos de personas que resultan misteriosas y que no conocemos bien.

¿Por qué esa persona y no otra activa nuestros circuitos cerebrales y enciende la química amorosa?

Por encima de características físicas o psicológicas, existe una razón que nos conduce a ver el amor con la mente y no con los ojos. La herencia evolutiva ha desarrollado mecanismos de relación para que en la elección de pareja la descendencia quede asegurada.

Hay muchos elementos que condicionan esta elección, uno de ellos lo definió Baudelaire: "amamos a las personas en la medida en que nos resulten extrañas". Y es que la naturaleza nos ha dotado de un "cableado cerebral" para que las personas misteriosas nos parezcan interesantes. Y cuando la ves, sus efectos se hacen notar al instante:
  • El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).
  • La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
  • Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
  • Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea. 

El misterio se asocia a la novedad y la novedad está asociada al neuro transmisor del amor: la dopamina. Pero la química del amor es compleja y a menudo nos lleva a contradicciones ya que en general, también sentimos más atracción por personas similares a nosotros.

Desde el patrimonio financiero hasta aficiones comunes, desde las cualidades físicas hasta aspectos más complejos de la personalidad, la genética condiciona todos estos aspectos, así que podemos deducir que los tipos genéticos se atraen. La química del amor ya se encargará de buscar las diferencias para una descendencia genéticamente más variada. 

También existe una preferencia biológica a elegir parejas bien proporcionadas. La cuestión física, es pues, muy importante. Una cara bonita, simétrica, produce más actividad en las regiones cerebrales implicadas en el enamoramiento. Este punto medio de equilibrio también se aplica a otras proporciones corporales.

La más curiosa es la proporción "cintura-cadera". Las mujeres cuya circunferencia de cintura se aproxima a 70%  de sus caderas lo tienen más fácil para ser elegidas. Los hombres prefieren mujeres con más curvas, ya que tienen mayores posibilidades de tener descendencia. 

Esta preferencia natural por mujeres sanas y fértiles también tiene su razón evolutiva, y es que, la proporción de las caderas se hereda genéticamente. De entrada los hombres juegan con ventaja en la elección, ya que muchos de los condicionantes son físicos. ¡Sólo se trata de tener buena vista!

Los hombres se enamoran más deprisa que las mujeres y eso también tiene una explicación evolutiva. Tres de cada cuatro personas que se suicidan cuando una relación se acaba son hombres y no mujeres. O sea, que los hombres son tan apasionados como lo puedan ser la mujeres. 

¿Existen diferencias entre la manera de amar de los hombres y de las mujeres?

Se descubrieron algunas diferencias de género, no en el aspecto pasional, pero los dos son igualmente apasionados. En los hombres descubrimos una mayor actividad en una pequeña región cerebral asociada con la integración de los estímulos visuales. En el caso de las mujeres, el enamoramiento se asocia con una mayor actividad con áreas cerebrales relacionadas con la capacidad de rememorar

¿Qué sucede en el cerebro de los mamíferos cuando están locos de amor?

Hallamos actividad en muchas partes del cerebro, pero lo más importante es la actividad en una pequeñísima "fábrica" que hay cerca de la base del cerebro llamada  área ventral tegmental. Y lo que hace esta "fábrica" es producir dopamina, un estimulante natural que proporciona sensaciones de plenitud, de euforia, cambios de humor, etc.

Todos estos síntomas del enamoramiento se deben a que la actividad química de nuestro cerebro cambia. Aumentan los niveles de dos estimulantes muy potentes: la dopamina y la norepinefrina y disminuyen los de otra molécula; la serotonina. Con este cóctel químico sucumbimos al amor y todos sus efectos. 

La dopamina y la norepinefrina ayudan a focalizar nuestra atención en la persona elegida. Miramos a la persona como algo único y nuevo porque la dopamina favorece el aprendizaje de estímulos novedosos. Y recordamos detalles minúsculos de esta persona, del tiempo que hemos pasado juntos, gracias a que la norepinefrina aumenta la capacidad de recordar estímulos nuevos. No podemos dejar de pensar en él o ella, es inevitable, y se debe a que los niveles de serotonina disminuyen y provocan un pensamiento obsesivo.

Buscamos la manera de tener cosas en común, incluso cambiamos la manera de vestir, nos pasamos del "pop a Mozart", todo con  el fin de agradarle. Es la dopamina una vez más, que también se asocia con la motivación y con las conductas orientadas a alcanzar un objetivo concreto.

Curiosamente, si surgen obstáculos para la relación, los sentimientos se intensifican. Se conoce como el efecto "Romeo y Julieta" y ocurre porque percibir la adversidad aumenta, todavía más, la producción de dopamina en el cerebro. Estas tres sustancias que producen "el colocón del amante" están más presentes en unas regiones cerebrales que en otras y las podemos detectar con técnicas de neuro imagen. 

Escaneando los cerebros enamorados se ha visto actividad en varias zonas, entre ellas la corteza. Pero dos módulos destacan del resto: el área ventral tegmental, la mayor fábrica de dopamina del cerebro y el núcleo caudado, una región muy primitiva de donde emana la pasión. Se considera el motor de la mente y su combustible, no podía ser otro, es la dopamina.


Ambas regiones forman parte del sistema de recompensa del cerebro, una red mental primordial que nos ayuda a detectar recompensas y actuar para conseguirlas. En este caso, hace que el amante centre toda su atención al premio más importante de su vida, una pareja que transmita su ADN para toda la eternidad.

No es de extrañar que los amantes crucen continentes para abrazarse durante un fin de semana, cambian de trabajo, o incluso, muera el uno por el otro. Cuando este sistema se activa poco podemos hacer.


¿Pero realmente todo es química? ¡Sí, todo es química! 

Cada vez que producimos un pensamiento, una motivación, una emoción, siempre se trata de química. Ahora bien, se pueden conocer todos y cada uno de los ingredientes de un pedazo de pastel de chocolate y sin embargo, todavía nos gusta sentarnos y comernos ese pedazo de pastel. De la misma manera, podemos conocer toda la química que hay detrás del amor romántico. Podemos saber muchísimo de él y todavía ser capaces de captar toda su enorme magia.

¡El amor romántico es adictivo!

Como con cualquier droga (chocolate, café, azúcar, tabaco, alcohol, hachís, opio, cocaína, etc.), al principio nos basta con poco, pero a medida que la adicción aumenta, necesitamos más dosis. No podemos controlarlo, es balsámico cuando lo disfrutamos, pero la euforia conduce al ansia cada vez más rápido. Produce obsesión, compulsión, distorsión de la realidad, dependencia emocional, dependencia física, cambio de personalidad y al final acaba uno diciendo: ¡No puedo vivir si ti!

Todas las adicciones importantes están asociadas con niveles altos de dopamina. Además, el escaner del cerebro lo corrobora, las regiones que se activan al consumir cocaína o opiáceos, son las mismas que se activan en el cerebro enamorado. Es el sistema de recompensa que nos motiva y nos impulsa a actuar para conseguir aquello que anhela nuestro cerebro.

!Sí, el amor es una droga adictiva!

Una adicción positiva que provoca una "feliz dependencia" cuando es correspondido y una "ansiedad dolorosa", "muy triste" y a veces "destructiva" cuando es rechazado. Por eso, el tratamiento de los "enfermos de amor" es como el de una adicción; cortar de raíz! Evitar los restaurantes donde solíamos ir a cenar, no escuchar las mismas canciones, es decir, evitar todo aquello que despierta en nosotros el deseo de estar con el amante.

¡El impulso sexual es diferente del amor romántico!  Y han evolucionado por razones diferentes. 

 ¿Qué hace que se nos despierte el impulso sexual?

El impulso sexual evolucionó para que saliéramos a buscar a nuestras parejas. Es un impulso fundamental y no hay duda de que el deseo y el amor son cosas distintas y los caminos cerebrales que los rigen también son diferentes. Pero en algunas ocasiones están conectados.

A pesar de que la cultura popular nos ofrece muchos afrodisíacos, la naturaleza sólo ha diseñado una substancia capaz de estimular el deseo sexual en mujeres y hombres: la testosterona y en grado menor, el resto de hormonas sexuales masculinas.

La testosterona puede inundar el cerebro. Cuando nos enamoramos de alguien también lo deseamos.¿Por qué? Porque la dopamina, la norepinefrina y la serotonina, los elixires del amor, estimulan la producción de testosterona.

No es de extrañar que los amantes pasen toda la noche acariciándose. La química del amor enciende el deseo más poderoso de la naturaleza, el impulso de copular. ¿Y al revés?

¿Es capaz el impulso sexual de desencadenar el amor?

No necesariamente, pero puede ocurrir. La actividad sexual puede provocar la liberación de dopamina y de norepinefrina en el cerebro y por tanto, ayudar a que surja la pasión romántica. Las interacciones químicas de nuestro cerebro pueden jugárnosla si vamos a la cama con quien no queremos como pareja.

El amor romántico es el impulso verdadero porque emana de este cerebro primitivo y es más fuerte que el impulso sexual. Cuando estamos locamente enamorados queremos ir a la cama con nuestra pareja, pero lo que realmente queremos es crear una unión emocional. 

De hecho, una de las características principales del amor romántico es el deseo de contacto sexual. Cuando nos acostamos con alguien y no lo amamos, no nos importa realmente si también se acuesta con otros. Pero cuando nos enamoramos pasamos a ser realmente posesivos. En la comunidad científica lo llamamos "vigilancia de la pareja".

Una de las características del amor romántico es la obsesión por el ser amado. Pensar en él continuamente, fantasear e inventar situaciones imaginadas trae como consecuencia un "bajón" de serotonina y un "subidón" de dopamina en el cerebro. De repente, analizamos todo lo que hace el otro hasta el más pequeño detalle. Cualquier pequeña muestra de desatención puede desencadenar en nosotros una cascada de inseguridad cuyo último escalón son lo celos.

¡Los celos en el hombre y la mujer son diferentes!

El hombre teme una "infidelidad sexual", por el miedo ancestral a criar a  hijos que no sean suyos, que no sirvan para la supervivencia de sus genes. La mujer en cambio, teme una "infidelidad emocional", que el hombre la abandone. Esto se debe al miedo ancestral a quedarse sola para el cuidado y la cría de la descendencia.

También, sus reacciones ante un posible "affair extra matrimonial" son distintas. Mientras el hombre tiende a reaccionar con violencia y a sentirse ultrajado, la mujer tiende a auto culpabilizarse y preguntarse ¿qué he hecho mal?

Sin embargo, y a pesar del rechazo que una cana al aire pueda provocarnos, tiene su razón de ser. La infidelidad permite que se engreden diferentes hijos de diferentes parejas y por tanto, que las mezclas de genes sean mayores y aumente la variedad en la población.

El amor romántico

El amor romántico es muy "peligroso", lleva consigo una gran felicidad y una gran tristeza. El rechazo del ser amado puede provocar reacciones extremas como el suicidio o el asesinato, sobre esto hay mitos y leyendas que tienen miles de años de antigüedad.

Un sentimiento casi tan universal como el amor es el rechazo.

En el rechazo hay sentimientos tan perturbadores que nos arrastran a la protesta. Protestamos desde el dolor de la pérdida y protestamos con ira. Emociones tan intensas que sólo se pueden equiparar a las del amor. Y es que las mismas substancias químicas que se activan con el amor romántico cobran aún más fuerza para retener a una persona amada.

La dopamina llega a regiones cerebrales donde se regenera la motivación para alcanzar recompensas. Si la recompensa tarda en llegar, los productores de dopamina prolongan su actividad, los niveles aumentan y la motivación cobra más fuerza.

En el centro de la corteza prefrontal es donde se evalúa la recompensa, si no llega, se enviarán señales a la amigdala y se desencadenará la ira. De esta manera, el amor y el odio están íntimamente conectados en el cerebro, producen los mismos síntomas y ponen en actividad las mismas substancias químicas. 

De ahí, que el cerebro humano haya capacitado al amante abandonado a odiar fácilmente a la persona que adoraba. Es sólo un juego de combinaciones químicas donde los límites son muy frágiles.

El amor y el odio son muy parecidos, la indiferencia es su contrario y hacemos las dos cosas, amamos y odiamos al mismo tiempo. De hecho, el amor y el odio tienen mucho en común, cuando odiamos concentramos nuestra atención tanto como cuando amamos.

Perdemos una gran cantidad de energía, nos cuesta comer y nos cuesta dormir. Y al final, casi siempre llega la ruptura y surge una gran tristeza y la depresión.

¿Y por qué ocurre eso?

Una tristeza enorme nos acompaña en este final del camino. El amante rechazado al final se rinde y es que el cuerpo humano, químicamente, no puede permitirse tanto desgaste energético. 

En esta segunda parte del rechazo la ira nos abandona y nos resignamos a la pérdida. De nuestra lucidez y de las valoraciones que hagamos de nosotros mismos y de los demás, dependerá una resignación más o menos dolorosa.

Los sentimientos de resignación y de desesperación son los protagonistas de este final de romance. Estos sentimientos están directamente asociados al sistema de recompensa del cerebro y evidentemente con su combustible: la dopamina.

Cuando al final, nos damos cuenta que la recompensa no llegará, cuando aflora la pérdida, las células productoras de dopamina disminuyen su actividad. Unos niveles bajos de dopamina se asocian al abatimiento y al letargo.

Este estrés del abandono también cobra protagonismo en esta fase del rechazo. Pone en juego neuro transmisores tan potentes como la dopamina, la norepinifrina y la serotonina.
Cuando el estrés del abandono es prolongado, los niveles de las tres sustancias caen por debajo del normal y nos arrastra a una profunda depresión. 

Un mecanismo catártico para empezar de cero. Estamos diseñados para sufrir cuando nos falla el amor, sólo el tiempo nos sacará de la angustia y la desesperación.

Tras la "borrachera química" del amor romántico, el cuerpo y la mente deben recuperarse. Si pasáramos toda la vida enamorados, no tendríamos ni la atención y ni la energía necearías para hacer nada más, ni trabajar, ni criar a los niños. Por tanto, es necesario que se acabe.

El hipotálamo, una glándula que se encuentra justo debajo del cerebro, se encarga de poner orden segregando dos hormonas: la vasoprecina y la oxitocina, que son responsables de generar lazos de cariño y responsabilidad con los hijos y con la pareja. 

Ambas recorren la sangre durante el orgasmo y hacen que justo después, tengamos una sensación de fusión completa con el otro que contribuye en gran medida a establecer estos vínculos que permitirán a ambos compartir tiempo y atención para los niños. De esta manera la locura del amor romántico se transforma en un sentimiento de calma, seguridad y unión con una pareja de larga duración.

Sin embargo, la felicidad no es eterna, la monogamia tiene fecha de caducidad. Los últimos datos la sitúan en torno a los cuatro años. Es decir, que existe una tendencia universal de cambiar de pareja al cabo de este tiempo. 

Se ha comprobado que en las sociedades primitivas, las mujeres sólo pueden parir cada cuatro años, ya que la ovulación se inhibe después del parto debido a la dieta ligera y  a que amamentan a la cría durante mucho tiempo. 

Este ciclo biológico podría reflejarse en nuestra tendencia a perder el interés en la pareja al cabo de algunos años. Nuestro cuerpo, diseñado hace miles de años, nos dice de esta manera que hay que buscar otro amor para tener nuevos hijos.

¡Así que somos monógamos! Pero de una manera sucesiva, estamos hechos para tener varias parejas, una tras otra, e hijos variados para que puedan reproducirse entre sí. Según esto, somos mucho más modernos y liberales de los creíamos hasta ahora.

Aún sabiendo todo esto, la mayoría de nosotros anela una pareja para toda la vida y muchos consiguen ser felices y mantener la química del "apego", el "cariño" y la "complicidad" durante muchos años.

Dichos estados están asociados a otra "ducha química". En este caso son las endorfinas - compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del "apego". Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.

Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.

Parece que tienen mayor poder estimulante los sentimientos y las emociones que las simples substancias por sí mismas, aquellos sí que pueden activar la alquimia y no al sentido contrario.

Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! 

Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".

Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona

No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.

Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. 

Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las "penas de amor".





"Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer".
Antonio Machado


"Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado".
Antífanes -388-311 a. C.



Ese estado de "imbecilidad transitoria", en palabras de Ortega y Gasset, no se puede mantener bioquímicamente por mucho tiempo.





Bibliografia

Fuente de los Textos

La química del amor - Documental de Redes realizado por la  TVE con  Helen Fisher (antropóloga).

Yotube: http://www.youtube.com/watch?v=N6AtAOb9sqw

La química del amor - El rincón de la Ciencia  
Francisco Muñoz de la Peña Castrillo, IES Carolina Coronado, Almendralejo


Corrección de los textos

Ana Pinedo





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