31 de agosto de 2012

FERNANDO PESSOA





Goethe, como Fernano Pessoa, fue devoto cultivador de las ciencias mágicas; iniciado en una logia masónica desde los años juveniles, perteneció sucesivamente a varias sociedades seretas de fundamentos ocultistas; conoció a Cagliostro en Estrasburgo; la astrología y la alquimia por él cultivadas eran a fin de cuentas la antecámara de sus curiosidades científicas: ' No procures, ni creas: todo es oculto', dice Fernando Pessoa, para ser después contradecido por Alberto Caeiro que afirmó: 



'El único sentido oculto de las cosas es que ellas no tienen ningún sentido oculto'. 

Su mediumnidad lo llevó a prácticas ocultistas. A la defensa de la Rosa-Cruz y de la masonería, a la astrología, a la numerología. Un intelectualista del tipo que él era hizo entrar en la construcción mental lo que podía caber: lo inteligible y lo ininteligible, lo racional y lo irracional, lo visible y lo invisible, lo claro y lo misterioso, constituyendo un sistema mágico en sus conclusiones hasta ahoras desprovisto de comprobación objetiva. Todo ocurría como si la subliteratura mística de donde extraía aliento, al atravesar su cerebro privilegiado, saliese de otro lado filtrada y distorsionada del punto de vista estético.

Hizo centenas de horóscopos, tal vez miles, de parientes, de amigos, de los heterónimos, de personalidades históricas (Napoleón, Victor Hugo, Shakespeare, D. Sebastiao, Chopin), algunas veces hasta entidades como 'Portugal' o la 'República'. Además, todo el grupo modernista portugués era dado al sebastianismo delirante, al gusto por las ciencias ocultas, a la metapsiquica, la astrología y la religiosidad heterodoxa y esotérica. Después de que Sá-Carneiro sufrió en París la crisis mental que lo llevó al suicidio, Fernando Pessoa escribió desde Lisboa a tia Anica, su propia mediúnica: ' Yo sentí la crisis aquí, cayó sobre mi una súbita depresión vendida del exterior'. 

A partir del 'insulto apoplético' sufrido por la madre y el suicidio de Sá-Carneiro, amigo a quien estaba más unido, profundizó en la iniciación. Ser medium, para él, era practicar la 'escritura automática', no como los surrealistas, sino a la forma de Victor Hugo, que escribía delante del espíritu de un muerto más o menos identificado. Joao Gaspar Simoes no creía que el ocultismo de Fernando Pessoa fuese enteramente sincero. Pero había alguna cosa totalmente sincera en aquel simulador nato?

Fernando Pessoa nunca intentó luchar contra la incomprensión. Por el contrario, cultivó la afanosamente, pues mistificar era un juego en que con honestidade empeñó todo. 

Profesión: correspondente comercial de lenguas extranjeras, hasta el fin. No se conoce vidad de escritor que haya sido tan fallida, y tampoco ninguna tan transfigurada por el arte ('No soy nada. (...)/ Aparte de eso, tengo en mi todos los sueños del mundo'). En otro momento exclamó: 'Cuando quise tirar la máscara,/ estaba pegada a la cara'. 

Por intermedio de Alvaro de Campos dice que 'Tenemos todos dos vidas: la verdadera, que es la que soñamos en la infancia; y la falsa, que es la que vivimos en convivencia con los otros'. Perdida la vitola de la educación inglesa, adquirida en Durban, Africa del Sur, donde su padrastro era cónsul, zozobró en la indisciplina lusitana: fado, alcohol, tristeza sin causa, apatía, nostalgia, un rumbo incierto, obsesión por una 'vertigem moral'. En el libro deldesasosiego, Bernardo Soares fue definido por él, a propósito de Shakespeare: 'Soy un temperamento femenino con una inteligencia masculina' (...) 

Siempre me gustó ser amado, y nunca amar' (...) 'Le agradaba la pasividad'. Octavio Paz (el desconocido de sí mismo, en Cuadrivio) constató que en la obra poética de Fernando Pessoa la ausencia de la mujer es constante: 'Faltan en él los placeres tremendos. Falta la pasión, aquel amor que es el deseo de un ser único'. Tanto Alberto Caeiro como Ricardo Reis hablan como eunucos, como si estuviesen encubriendo, en la mayor parte de la obra, la 'sexualidade blanca' de Fernando Pessoa, que, según la creencia general, murió virgen. 

Las cenas eróticas de Fausto contienen las confesiones más ardientes que Fernando Pessoa jamás hizo sobre su impotencia. La incapacidad de practicar 'el contacto carnal de las almas' le impedía realizar su sueño de amor ('Sería dulca amar, abracar a mí,/ un cuerpo de mujer, pero fijo y grave / y hecho en todo trascendentalmente, /el pensamiento me impide...').

El caso con Ofelia Queirós ilustra esta incapacidad. foeron novios durante dos periodos inconclusivos. La pareja Fernando-Ofelia era en verdad un relación a tres que incluía al heterónimo Alvaro de Campos, durante la cual Ofelia recibió una carta firmada por Alvaro de Campos, contrario al amor, diciendo que le gustaría 'tumbar la fisionomía abyecta de ese Fernando Pessoa de cabeza bajo un balde lleno de agua'. Lo trágico para Ofelia - que sólo se casó después de la muerte de Fernando Pessoa (según Angel Crespo) o nunca se casó (según Robert Bréchon) es que murió en 1991 rodeada por la familia (de acuerdo con el necrológico hecho por Antonio Tabucchi en el Corriere della Sera, cortando así la cuestión) - fue tenido que lidiar con una doble personalidad. En una de las cartas o Ofelia, dirigida con sensibilidad heteronímica, escribió: ' A mi me gustaba que la Bebé fuese una muñeca mía, y yo hacía como a un niño, la desnudaba'. En otra sueña con darle azotes, y que ella le pegaba también.

El alcohol vino a ser el elixir mágico que recorrió hasta los últimos días para liberarse de todo aquello que en el fondo de su personalidad se pudría. Alvaro de Campos no quería saber que era lo que bebía; habló de 'un vino de borracho que da náuseas'.

Le faltó el homosexualismo subentendido, característico del grupo modernista portugués (Sá-Carneiro, Santa Rita Pintor, Almada Negreiros y los otros). La guerra de 1914 se manifestó en ellos como la crisis que englobó a Europa y al mundo. No es apenas en el campo de batalla donde se desarrollan las guerras, sobre todo las guerras modernas, sino en todas partes: consciencias, estructura social, conceptos de la vida, condiciones económicas. En las personalidades de aquel grupo de opinión pública veía claras señales de degeneración, pero hoy es fácil constatar que sus actitudes correspondían al sentimiento general y entonces latente de crisis. 

Fernando Pessoa representaba el lado consciente del modernismo; Sá-Carneiro, el inconsciente. En el Orpheu, Pessoa y Sá Carneiro, como luego sólo Pessoa, quedaron aislados icluso de aquellos pocos que lo reconocían como gran escritor. Pero un gran escritor contra la literatura no es sólo el 'gran escritor': es aquel que pone en cuestión los fundamentos de la literatura, infinitamente sólo en el silencio de su diferencia (Alberto Caeiro: 'Ser poeta no es una ambición mía/ es mi manera de estar sozinho(?).

Adolfo Casais Montero dice que la obra de Fernando Pessoa testimonia una intemporalidad casi absoluta, no habiendo en ella pasado ni futuro, sólo casi un eterno-actual que es el verdadero tiempo en que deben de hecho, vivir los grandes imaginativos, reveurs evilles. A cualquier momento de su poesía es imposible situarlo como un antes o un después en relación con cualquiera de las partes. 

La vida de Pessoa es en verdad la vida ideal del poeta. El era, como hombre, la imagen de la inmovilidad. Nadie quiso ser menos aparente ('Fui como hierbas y no me arrancaron'). La fotobiografía lo muestra, al contrario de Almada Negreiros (en ropa de aviador) o Santa Rita Pintor (disfrazado de Arlequín), con aspecto siempre banal, anónimo, modesto. 

El modernismo portugués no tuve en él la imagen-símbolo que marca identidad grupal: el bigote y el sombrero-coco de Marinetti (futurismo italiano), al cabeza rapada de Maiacovski (futurismo ruso), el monóculo de Tristan Tzara (dadaísmo), la cabeza enfaixada de Apollinaire (avant-garde francesa) o el perfil aristocrático, altanero de André Bretón (surrealismo). El sombrero, la gabardina, la corbata-borboleta, las gafas de Fernando Pessoa son atributos de la banalidad, de funcionario de escritorio.

Como la poesía de Baudelaire, la de él no describe, no cuenta, no impono, no pinta, no intenta convencer. Pensaba en inglés, y a eso se debe tal vez una cosa profundamente característica: la economía extraordinaria de la palabra y el uso marcadamente racional de ella. Jorge de Sena cree que toda su vida él pensó en inglés lo que escribión en portugués. La descubierta hierática, majestuosa y metafórica palabra de Vieira, en la forma de las lenguas orientales, fue para él la llave de uno de los misterios que su personalidad de adolescente guardaba intacto: la inadaptación al presente, la saudade

Así le vino naturalmente la idea de aceptar teosofía y gnosticismo, magia y ocultismo como religión mesiánica por exceliencia. Es en los periodos de decadencia del espíritu religioso que la magia arcaica reconquista adepeos y prestigio.

Pero el mismo se situó geográficamente en todo esto: 'Mi patria es la lengua portuguesa.' Y el escritor, comentó Bernardo Soares, 'es un derrotado que organiza sus propios fracasos para obtener de ellos una especie de amarga victoria'...


Léo Schlafman























Feliz Dia para Quem É
Feliz dia para quem é
O igual do dia,
E no exterior azul que vê
Simples confia!

Azul do céu faz pena a quem

Não pode ser
Na alma um azul do céu também
Com que viver

Ah, e se o verde com que estão

Os montes quedos
Pudesse haver no coração
E em seus segredos!

Mas vejo quem devia estar

Igual do dia
Insciente e sem querer passar.
Ah, a ironia

De só sentir a terra e o céu

Tão belo ser
Quem de si sente que perdeu
A alma p’ra os ter!


Fernando Pessoa, in "Cancioneiro"


















Tabacaria
Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.
Janelas do meu quarto,
Do meu quarto de um dos milhões do mundo que ninguém sabe quem é
(E se soubessem quem é, o que saberiam?),
Dais para o mistério de uma rua cruzada constantemente por gente,
Para uma rua inacessível a todos os pensamentos,
Real, impossivelmente real, certa, desconhecidamente certa,
Com o mistério das coisas por baixo das pedras e dos seres,
Com a morte a por umidade nas paredes e cabelos brancos nos homens,
Com o Destino a conduzir a carroça de tudo pela estrada de nada.

Estou hoje vencido, como se soubesse a verdade.
Estou hoje lúcido, como se estivesse para morrer,
E não tivesse mais irmandade com as coisas
Senão uma despedida, tornando-se esta casa e este lado da rua
A fileira de carruagens de um comboio, e uma partida apitada
De dentro da minha cabeça,
E uma sacudidela dos meus nervos e um ranger de ossos na ida.

Estou hoje perplexo, como quem pensou e achou e esqueceu.
Estou hoje dividido entre a lealdade que devo
À Tabacaria do outro lado da rua, como coisa real por fora,
E à sensação de que tudo é sonho, como coisa real por dentro.

Falhei em tudo.
Como não fiz propósito nenhum, talvez tudo fosse nada.
A aprendizagem que me deram,
Desci dela pela janela das traseiras da casa.
Fui até ao campo com grandes propósitos.
Mas lá encontrei só ervas e árvores,
E quando havia gente era igual à outra.
Saio da janela, sento-me numa cadeira. Em que hei de pensar?
Que sei eu do que serei, eu que não sei o que sou?
Ser o que penso? Mas penso tanta coisa!
E há tantos que pensam ser a mesma coisa que não pode haver tantos!

Gênio? Neste momento
Cem mil cérebros se concebem em sonho gênios como eu,
E a história não marcará, quem sabe?, nem um,
Nem haverá senão estrume de tantas conquistas futuras.
Não, não creio em mim.
Em todos os manicômios há doidos malucos com tantas certezas!
Eu, que não tenho nenhuma certeza, sou mais certo ou menos certo?

Não, nem em mim...
Em quantas mansardas e não-mansardas do mundo
Não estão nesta hora gênios-para-si-mesmos sonhando?
Quantas aspirações altas e nobres e lúcidas -
Sim, verdadeiramente altas e nobres e lúcidas -,
E quem sabe se realizáveis,
Nunca verão a luz do sol real nem acharão ouvidos de gente?
O mundo é para quem nasce para o conquistar
E não para quem sonha que pode conquistá-lo, ainda que tenha razão.

Tenho sonhado mais que o que Napoleão fez.
Tenho apertado ao peito hipotético mais humanidades do que Cristo,
Tenho feito filosofias em segredo que nenhum Kant escreveu.
Mas sou, e talvez serei sempre, o da mansarda,
Ainda que não more nela;
Serei sempre o que não nasceu para isso;
Serei sempre só o que tinha qualidades;
Serei sempre o que esperou que lhe abrissem a porta ao pé de uma parede sem porta,
E cantou a cantiga do Infinito numa capoeira,
E ouviu a voz de Deus num poço tapado.

Crer em mim? Não, nem em nada.
Derrame-me a Natureza sobre a cabeça ardente
O seu sol, a sua chava, o vento que me acha o cabelo,
E o resto que venha se vier, ou tiver que vir, ou não venha.
Escravos cardíacos das estrelas,
Conquistamos todo o mundo antes de nos levantar da cama;
Mas acordamos e ele é opaco,
Levantamo-nos e ele é alheio,
Saímos de casa e ele é a terra inteira,
Mais o sistema solar e a Via Láctea e o Indefinido.

(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!

Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folha de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)
Mas ao menos fica da amargura do que nunca serei
A caligrafia rápida destes versos,
Pórtico partido para o Impossível.
Mas ao menos consagro a mim mesmo um desprezo sem lágrimas,
Nobre ao menos no gesto largo com que atiro
A roupa suja que sou, em rol, pra o decurso das coisas,
E fico em casa sem camisa.

(Tu que consolas, que não existes e por isso consolas,
Ou deusa grega, concebida como estátua que fosse viva,
Ou patrícia romana, impossivelmente nobre e nefasta,
Ou princesa de trovadores, gentilíssima e colorida,
Ou marquesa do século dezoito, decotada e longínqua,
Ou cocote célebre do tempo dos nossos pais,
Ou não sei quê moderno - não concebo bem o quê -
Tudo isso, seja o que for, que sejas, se pode inspirar que inspire!

Meu coração é um balde despejado.
Como os que invocam espíritos invocam espíritos invoco
A mim mesmo e não encontro nada.
Chego à janela e vejo a rua com uma nitidez absoluta.
Vejo as lojas, vejo os passeios, vejo os carros que passam,
Vejo os entes vivos vestidos que se cruzam,
Vejo os cães que também existem,
E tudo isto me pesa como uma condenação ao degredo,
E tudo isto é estrangeiro, como tudo.)

Vivi, estudei, amei e até cri,
E hoje não há mendigo que eu não inveje só por não ser eu.
Olho a cada um os andrajos e as chagas e a mentira,
E penso: talvez nunca vivesses nem estudasses nem amasses nem cresses
(Porque é possível fazer a realidade de tudo isso sem fazer nada disso);
Talvez tenhas existido apenas, como um lagarto a quem cortam o rabo
E que é rabo para aquém do lagarto remexidamente
Fiz de mim o que não soube
E o que podia fazer de mim não o fiz.

O dominó que vesti era errado.
Conheceram-me logo por quem não era e não desmenti, e perdi-me.
Quando quis tirar a máscara,
Estava pegada à cara.
Quando a tirei e me vi ao espelho,
Já tinha envelhecido.
Estava bêbado, já não sabia vestir o dominó que não tinha tirado.
Deitei fora a máscara e dormi no vestiário
Como um cão tolerado pela gerência
Por ser inofensivo
E vou escrever esta história para provar que sou sublime.
Essência musical dos meus versos inúteis,
Quem me dera encontrar-me como coisa que eu fizesse,
E não ficasse sempre defronte da Tabacaria de defronte,
Calcando aos pés a consciência de estar existindo,
Como um tapete em que um bêbado tropeça
Ou um capacho que os ciganos roubaram e não valia nada.

Mas o Dono da Tabacaria chegou à porta e ficou à porta.
Olho-o com o deconforto da cabeça mal voltada
E com o desconforto da alma mal-entendendo.
Ele morrerá e eu morrerei.
Ele deixará a tabuleta, eu deixarei os versos.
A certa altura morrerá a tabuleta também, os versos também.
Depois de certa altura morrerá a rua onde esteve a tabuleta,
E a língua em que foram escritos os versos.

Morrerá depois o planeta girante em que tudo isto se deu.
Em outros satélites de outros sistemas qualquer coisa como gente
Continuará fazendo coisas como versos e vivendo por baixo de coisas como tabuletas,
Sempre uma coisa defronte da outra,
Sempre uma coisa tão inútil como a outra,
Sempre o impossível tão estúpido como o real,
Sempre o mistério do fundo tão certo como o sono de mistério da superfície,
Sempre isto ou sempre outra coisa ou nem uma coisa nem outra.
Mas um homem entrou na Tabacaria (para comprar tabaco?)
E a realidade plausível cai de repente em cima de mim.
Semiergo-me enérgico, convencido, humano,
E vou tencionar escrever estes versos em que digo o contrário.
Acendo um cigarro ao pensar em escrevê-los
E saboreio no cigarro a libertação de todos os pensamentos.
Sigo o fumo como uma rota própria,
E gozo, num momento sensitivo e competente,
A libertação de todas as especulações
E a consciência de que a metafísica é uma consequência de estar mal disposto.

Depois deito-me para trás na cadeira
E continuo fumando.
Enquanto o Destino mo conceder, continuarei fumando.
(Se eu casasse com a filha da minha lavadeira
Talvez fosse feliz.)
Visto isto, levanto-me da cadeira. Vou à janela.
O homem saiu da Tabacaria (metendo troco na algibeira das calças?).
Ah, conheço-o; é o Esteves sem metafísica.
(O Dono da Tabacaria chegou à porta.)
Como por um instinto divino o Esteves voltou-se e viu-me.
Acenou-me adeus, gritei-lhe Adeus ó Esteves!, e o universo
Reconstruiu-se-me sem ideal nem esperança, e o Dono da Tabacaria sorriu.



Álvaro de Campos (Heterónimo de Fernando Pessoa) - 

15 de Janeiro de 1928.














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