12 de julio de 2012

LOS PLACERES DEL ALMA






"Os prazeres da alma" de Francisco do Espirito dictado por HAMMED.  









El amor desarrolla características personales, distinguiendo y particularizando a la criatura. Al proporcionarle voluntad propia e independencia, expande horizontes y disipa las barreras donde el patrón y la generalización construyen paredes.

Hoy en día, la mayoría de los individuos tienen el concepto de amor basándose únicamente en el cariño de una persona a otra, una construcción romántica y simplista cultivada en nuestra cultura, en versos ingenuos y soñadores de los poetas o en lo que se escucha en los medios de comunicación de masa. En la realidad, son conceptos egoístas casi siempre sacados de frustraciones, de inseguridades, de la sensualidad y de los sentidos inmediatos o ilusorios.

El amor es un potencial inherente al ser humano. Es un fenómeno natural que tiene que ser despertado a todos y no simplemente algo hecho y guardado en las profundidades del alma, esperando ser descubierto por alguien en cualquier momento.

El amor esta naturalmente en la vida de todos. Es una capacidad a ser desarrollada, como la inteligencia. Algún día, amar será tan fácil como respirar en una atmósfera pura o saciar la sed en una agua translúcida. En el amor real, nosotros deseamos el bien de otra persona, y nos alegramos con su evolución; en el amor romántico, nosotros deseamos a la persona y nos vestimos con el manto de la posesividad. Por no amar de verdad, es que la diferencia y el desprecio actúan en el seno de la sociedad.

Quien ama se convierte, gradualmente, en un individuo pleno; por eso, no les conviene a los tiranos y dominadores incentivarnos el amor. No nos quieren libertos, originales y creativos. La mejor forma de destruir un hombre es impedirle amar, exterminando así, su naturalidad y espontaneidad.

En la sociedad actual, como en las anteriores, no se estimula a los individuos a tener posesión de su completa personalidad. Para un mejor esclarecimiento de la palabra; in-divi-dúo: no dividido en dos. Del latín individuus: indivisible, uno, el que no fue separado.

Los gobernantes injustos y déspotas quieren comandar los cuerpos; los religiosos fundamentalistas, vinculados a todo y cualquier movimiento conservador que enfatiza la obediencia rigurosa y literal de los textos de un conjunto de principios básicos, quieren comandar las almas.

Quieren reducirnos a fantoches, un simulacro de ser humano, que no tiene sentimientos y no piensa. Muñecos que son dirigidos, obedecen órdenes, no tienen autonomía, no poseen las riendas de su vida.

Si existiera amor entre los hombres, no existirían fronteras. El amor desarrolla características personales, distinguiendo y particularizando a la criatura. Al proporcionarle voluntad propia e independencia, conlleva que consiga y expanda nuevos horizontes y disuelva las barreras donde el patrón y la generalización construyan barreras.

Cuando no amamos, estamos vacíos. Hay una ausencia de diversidad y de multiplicidad en la vida interior y exterior. Amar es una forma básica de vivir bien. Nuestras estructuras íntimas están basadas en el amor. Sin amor todo se desvanece. Buscamos en las religiones o buscamos a Dios porque perdemos contacto con el amor.

“¿No sabéis que sois el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros”? afirma Paulo de Tarso. ¿Por qué, entonces tenemos tanta necesidad de buscar la Divinidad en el exterior o en la superficialidad? La verdadera religión tiene el propósito de conducirnos de vuelta a Dios, al Amor, pues, según el apóstol João “(…) Dios es Amor: aquel que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él.”

Amar a Dios, amar al prójimo, amarnos a nosotros mismos. Ésta es la más pura esencia de las enseñanzas del Maestro. Durante muchos años, razonamos sobre lo que es el amor. ¿Qué tal si  analizamos algunos sentimientos y emociones que casi siempre confundimos con él?


  • Cuando sentimos enorme satisfacción por estar al lado de alguien a quien admiramos excesivamente, por su manera de hablar, vestir, caminar, satisfacción que se intensifica en encuentros sociales, donde seremos vistos, no se trata de amor, se trata de exhibicionismo o narcisismo.

  • Cuando necesitamos desesperadamente de otro ser humano para vivir o ser feliz, estableciendo para nosotros privilegios exclusivos, cuando requerimos un verdadero monopolio de afecto, cariño y atención de esta persona, no se trata de amor, se trata de carencia íntima o necesidad afectiva.

  • Cuando vivimos con crisis de celos, en una atmósfera de frustración, falta de confianza, tristeza y pérdida de estímulos para vivir, intentando utilizar cualquier recurso para mantener a esta persona a nuestro lado, incluso cuando no somos amados, no se trata de amor, se trata de baja autoestima o falta de respeto hacia uno mismo.

  • Cuando creemos que nuestra existencia no tiene sentido y que no soportaremos vivir solos sin la presencia del otro, reclamando constantemente la presencia de alguien a nuestro lado para que nos libre de nuestra inseguridad e inestabilidad emocional, no se trata de amor, se trata de dependencia o apego compulsivo.

  • Cuando creemos que tenemos que tener el control absoluto sobre otro ser humano, no respetando nada ni a nadie, dominando así su vida y creyendo que él tiene que tener nuestro mismo objetivo, voluntades e intereses, no permitiendo su libre expresión y el derecho de elegir, no se trata de amor, se trata de posesividad o egoísmo.

  • Cuando discutimos, con frecuencia, por motivos banales y nos hostilizamos mutamente, viviendo entre crisis temperamentales y de falta de comprensión, intentando retrucar las ofensas para compensar nuestra insatisfacción afectiva o la insaciabilidad sexual, no se trata de amor, se trata de pasión o simple deseo.

Incluso aquél que tiene poco amor en su corazón  posee una pequeñita llama que le ilumina el camino en las tempestades oscuras de la existencia humana. La luz de una simple vela en la oscuridad de la noche puede guiarnos seguramente y ¿por qué no? – también ayudar a otros compañeros en el camino. En la inmensidad de la niebla nocturna, una humilde luciérnaga puede ser vista a una relativa distancia.

Nuestros diminutos deseos de amor se asemejan a antorchas que nos conducen entre los abismos que enfrentamos en el camino de la vida terrenal.  








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