15 de julio de 2012

KHALIL GIBRAN











AMISTAD

Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades. El es el campo que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento. Es vuestra mesa y vuestro hogar. Pues vais a él con vuestra hambre y lo buscáis anhelando paz.

Cuando vuestro amigo revela su pensamiento, no temáis el “NO” de vuestra propia opinión, ni ocultéis el “SI”. Y cuando él está en silencio, vuestro corazón continúa escuchando a su corazón.

Porque en la amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas, nacen sin palabras y son compartidos, en una alegría silenciosa.

Cuando os separéis de vuestro amigo, no os aflijáis. Pues lo que más amáis en él puede tornarse más claro en su ausencia, como para el alpinista aparece la montaña más clara, vista desde la planicie.

Y que no haya otra finalidad en la amistad que no sea el ahondamiento de espíritu. Pues el amor que busca otra cosa que no sea la revelación de su propio misterio no es amor, sino una red tendida, y sólo lo inútil será atrapado en ella.

Y que lo mejor de vosotros mismos sea para vuestro amigo. Si él debe conocer el flujo de vuestra marea, que también conozca su reflujo. Pues, ¿para qué vuestro amigo si sólo la buscáis para matar el tiempo? Buscadle siempre para las horas vivas. Pues el papel del amigo es el de henchir vuestras necesidades, y no vuestro vacio.

Y en la dulzura de vuestra amistad, que haya risa y compartir de placeres. Pues en el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su amanecer y halla su frescor.



MATRIMONIO

Habéis nacido juntos y juntos permaneceréis para siempre. Juntos estaréis cuando las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Sí, juntos permaneceréis hasta en la silenciosa memoria de Dios. Pero que haya espacios en vuestra comunión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una traba: Que sea más bien un mar bullente entre las playas de vuestras almas.

Llenaos las copas el uno al otro, pero no bebáis de una sola copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis de la misma rebanada.

Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permaneced cada uno solo al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, sin embargo, vibran con la misma armonía.

Dad vuestro corazón, pero no os lo entreguéis en custodia. Ya que sólo la mano de la Vida puede guardar vuestros corazones.

Vivid juntos, pero tampoco demasiado próximos; ya que los pilares del templo se erigen a distancia, y el roble y el ciprés no crecen a la sombra uno del otro.












PALABRA

Conversáis cuando dejáis de estar en paz con vuestros pensamientos. Y cuando no podéis vivir más en la soledad de vuestro corazón, vivís en vuestros labios, y halláis entonces diversión y pasatiempo en el sonido que emitís.

Y en gran parte de vuestras conversaciones, el pensamiento está asesinado a medias. Pues el pensamiento es un ave de espacio que, en una jaula de palabas puede abrir sus alas, mas no puede volar.

Hay entre vosotros quienes buscan a los habladores, por miedo a estar solos. La quietud de la soledad les revela su yo desnudo, del que desearían escapar. Y hay aquellos que hablan y, sin saberlo ni preverlo, revelan una verdad que ni ellos mismos comprenden.

Y hay quienes poseen la verdad dentro de sí, pero no la expresan en palabras. En lo íntimo de estos últimos, habita el espíritu en el ritmo del silencio.

Cuando encontréis a vuestro amigo en el camino o en el mercado, dejad que el espíritu que os anima ponga en movimiento vuestros labios y dirija vuestra lengua. Y que la voz en vuestra voz hable al oído de su oído. Pues el alma guardará la verdad de vuestro corazón, como se recuerda el sabor del vino, aún después que su color se ha olvidado, y que su copa ya no está.











AUTOCONOCIMIENTO

Vuestros corazones conocen en silencio los secretos de los días y de las noches. Mas vuestros oídos ansían oír lo que vuestro corazón sabe.

Deseáis conocer en palabras aquello que siempre conocisteis en pensamiento. Deseáis tocar con los dedos el cuerpo desnudo de vuestros sueños. Y es bueno que así lo deseéis.

La fuente secreta de vuestra alma debe brotar y correr, murmurando, hacia el mar. Y el tesoro de vuestras profundidades infinitas necesita revelarse a vuestros ojos.

Pero no existen balanzas para pesar vuestros tesoros desconocidos. Y no queráis explorar las profundidades de vuestro conocimiento con varas ni con sondas.

Porque el Yo es un mar sin límites y sin medidas.
No digáis: “Encontré la verdad”. Decid más bien: ”Halle una verdad”.  
No digáis: “Encontré el camino del alma”. 
Decid más bien:”Hallé el alma andando por mi camino”.

Porque el alma no marcha en línea recta ni crece como una caña. El alma se despliega, como un loto de pétalos innumerables.


                                     














ORACIÓN


Vosotros rezáis en vuestras aflicciones y necesidades; podríais también rezar en la plenitud de vuestra alegría y en los días de abundancia.

Pues, ¿qué es la oración sino la expresión de vuestro ser en el éter viviente? Y si constituye un alivio exhalar vuestra oscuridad al espacio, mayor alivio sentiréis cuando exhaléis la aurora de vuestro corazón.

Y si no podéis retener vuestras lágrimas cuando vuestra alma os llama a orar, ella os debería aguijonear una y otra vez, aun llorando, hasta que aprendieseis a orar riendo.

Cuando rezáis, os eleváis hasta encontrar, en el aire, a aquellos que oran a la misma hora, y que, fuera de la oración, nunca habrías de encontrar. Por lo tanto, que vuestra visita a ese templo invisible no sea sino para ese éxtasis y la dulce comunicación.

Pues si penetráis en el templo sólo para pedir, no recibiréis. Y si sólo entráis par humillaros, no seréis elevados. Y hasta si allí fuerais para implorar la felicidad de los demás, no seréis escuchados. Que os baste con entrar en el templo invisible. No puede enseñaros a rezar con palabras.

Dios no escucha vuestras palabras, excepto cuando El mismo las pronuncia a través de vuestros labios. Y no puedo enseñaros la oración de los mares y de los bosques y de las montañas.

Pero vosotros que nacisteis de las montañas, de los bosques y de los mares, podréis encontrar su plegaria en vuestro corazón. Y si sólo escucharais en la quietud de la noche, los oiríais decir en silencio: 

“Dios nuestro, que eres nuestro Yo alado, es Tu voluntad en nosotros la que quiere. Es tu deseo en nosotros el que desea. Es tu impulso en nosotros quien querría transformar nuestras noches, que tuyas son, y nuestros días, que también son tuyos. Nada te podemos pedir, pues Tú conoces nuestras necesidades aun antes de que hayan nacido en nosotros. Tu eres nuestra necesidad; y dándonos más de ti mismo, tú nos da todo.”








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